Por fin sabemos cómo el cannabis genera moléculas analgésicas


Un equipo de científicos descubre el proceso del cannabis para producir moléculas que minimizan la inflamación que son 30 veces más potentes que la aspirina

Un equipo de investigación de la Universidad canadiense de Guelp da con la clave del proceso biológico que tiene la planta del cannabis para poder producir dos moléculas cuya capacidad antiinflamatoria y analgésica es hasta 30 veces superior a la del ácido acetilsalicílico, el principio activo de la famosa aspirina.

El descubrimiento es de gran trascendencia dentro de la medicina ya que se puede utilizar para combatir el dolor de muchos pacientes que en la actualidad se medican con opiáceos y otros medicamentos dañinos e invasivos.

En realidad este descubrimiento es el resultado de casi 40 años de investigación iniciada por la Dra. Marilyn Barrett quién junto a su equipo de investigación descubrió la presencia de dos moléculas en la planta de cannabis: Cannaflavina A y Cannaflavina B.

Tras descubrir la presencia de ambas moléculas en la planta, se inició el proceso de aislamiento y de hecho, la Cannaflavina B no se consiguió aislar hasta el año 2013. Como ya hemos dicho, el gran valor para la medicina de este descubrimiento es el potencial antiinflamatorio, 30 veces más alto que el de la aspirina, de dichas moléculas.

Pero si las moléculas ya habían sido identificadas e incluso se sabía cómo aislarlas, ¿qué valor tiene el descubrimiento de la Universidad de Guelp? Para entender bien el valor de este descubrimiento hay que saber que la planta de cannabis produce una cantidad muy reducida de estas moléculas.

Pero si sabemos qué proceso biológico emplea el cannabis para generar la Cannaflavina A y Cannaflavina B podemos buscar el desarrollo de un sistema biológico capaz de producir las mismas moléculas pero en grandes cantidades. De hecho, una línea de investigación se centra el desarrollo de alguna variedad de cannabis capaz de producir las mencionadas moléculas en cantidades muy superiores a las actuales.

Según el estudio publicado en la revista Phytochemistry, una vez que los científicos disponían de toda la información genética, no fue muy complicado saber qué genes de la planta de cannabis son los responsables de la producción de las Cannflavinas A y B, utilizando técnicas bioquímicas clásicas.

Sin embargo, a pesar de que las moléculas se descubrieron en la década de los 80, las investigaciones quedaron olvidadas ya que el cannabis era una planta ilegal y no era posible investigar a fondo. Pero después de la legalización en Canadá, se ha producido un auge espectacular de toda la investigación sobre las propiedades terapéuticas y genéticas de la planta. Y llegamos al momento en el que los doctores Akhtar y Rothstein decidieron analizar el cannabis para descubrir cómo la planta biosintetiza las Cannaflavinas.

Desde el punto de vista de la medicina, lo más importante de la investigación es tener la posibilidad de descubrir medicinas naturales que contengan estas moléculas para desarrollar nuevas alternativas para tratar el dolor agudo y crónico que no sean los opiáceos.

Lamentablemente, en la actualidad son demasiados los enfermos que padecen dolor crónico que están siendo tratados con opiáceos que implican graves efectos secundarios, incluso muerte por sobredosis, y que además son adictivos. Por el contrario, las Cannflavinas atacarían el dolor sin bloquear los receptores cerebrales del dolor, sino simplemente reduciendo la inflamación.

La universidad de Guelph está cooperando con una compañía canadiense con el objeto de biosintetizar la Cannaflavina A y B fuera de la planta de cannabis. El objetivo es descubrir nuevos medicamentos antiinflamatorios a partir de los compuestos fitoquímicos del cannabis que sean una alternativa a los antiinflamatorios no esteroides y que sean más eficaces y seguros que los opiáceos.

El equipo descubridor confía en poder producir pronto los nuevos medicamentos en diferentes formatos tales como cremas, píldoras, bebidas deportivas, parches transdérmicos y otros, que además, tengan precios muy económicos para los pacientes.

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